Concebimos una vivienda como un universo de experiencias, de sensaciones que cada uno construye con sus rutinas y vivencias.

Nos gusta construir casas que se desvelen, que propongan senderos múltiples, que desdibujen la predominancia del conjunto y donde la vida se imbrique con volúmenes y distancias. Casas que sugieran itinerarios alternativos entre atmósferas diferenciadas, que promuevan la renovación de hábitos.

Nos han dicho que nuestra arquitectura intensifica el lugar, porque a procuramos que tenga un pie en lo doméstico y otro en la naturaleza.

Nos han dicho que nuestra arquitectura intensifica el lugar

Nos gusta diluir esas fronteras, proponer estrategias contrastadas entre exterior e interior –aunque sea con la paleta- para luego darles nexo y continuidad visual. Fundir el estar con el paisaje si el terreno invita, y casi siempre lo hace, si se le interroga.

Y porque hemos aprendido mucha arquitectura de los clientes, también les preguntamos mucho, incluso cosas que nada tienen que ver con la arquitectura -el médico no sólo te escucha, también escudriña el color de tus pupilas… Aunque siempre, siempre, preguntamos por la cocina, que es el corazón, la esencia, la forma de vivir la casa. A final, la arquitectura se mueve alrededor del fuego…

Creemos que hay arquitecturas que permiten ser usadas de formas completamente distintas. No tiene posible interpretación un apartamento racional de los años 70, mientras que un piso regio de principios de siglo se presta a cambios de función absolutamente interesantes.

Nos gusta reformar, es una actitud

Nos gusta reformar, es una actitud. Tanto si tenemos que preservar y reinterpretar un valor arquitectónico catalogado, como si reciclamos una mera realidad física porque la normativa obliga, o si derribamos y partimos sólo de unos volúmenes, casi un folio en blanco.

La forma de trabajar difiere y se amolda: ante un terreno plano con condicionantes sutiles y en que nada distrae, hay que lanzar algo; en un acantilado con vista torcida hay que seguir la pista topográfica; ante los tan diferentes patrones de construcción de los constructores de Barbados, reformatear nuestros propios esquemas mentales…

Sabemos que la parte creativa vendrá a engranar, sólo es cuestión de tiempo. Es clave ser flexibles, re-cuestionar el proyecto, ir a la obra, montar y desmontar el juguete en ejercicio colectivo. Vamos muchísimo a la obra. Volvemos y re-trazamos. Somos capaces de dibujar 20 veces la misma solución constructiva, como una letanía en que dibujar es como abrir un grifo e ir llenando vasos de agua.

Escuchamos las sugerencias del carpintero, del fontanero y del albañil. Contrariamos nuestra propia estrategia si es necesario, o les demostramos que hay cosas que parecían imposibles pero que se aguantan en la realidad. Porque también hay que forzar… Los fontaneros dicen que el papel lo aguanta todo. Les respondemos que a veces, la realidad nos hace pequeños regalos que el papel no contempla.

Dicen que somos temerarios porque que no seguimos modas, grupos, tendencias. Al hacer nuestro primer restaurante, La Fonda, en la Barcelona del diseño de 1993, se nos preguntó que cómo nos habíamos atrevido a proponer un local colonial, con todas las lámparas en bronce dorado… ¡Estaba prohibido!

Dicen que somos temerarios
porque no seguimos modas,
grupos, tendencias.

No es una postura. Somos conscientes de que si actuamos sin prejuicios, se abren campos, los estilísticos también. Tanto si invertimos la disposición de una mezzanine para matizar la excesiva luminosidad mediterránea, como si organizamos una casa en abanico para que se vaya reorientando con el sol, como si, mediante un mecanismo mental anti snob, proyectamos un restaurante japonés basado en clichés; todo acaba haciendo carambola y sugiere su propia, lógica y casi natural solución estética.

Confiamos en el reto y sus circunstancias porque siempre acaban proponiendo el look. Seguimos la pista de lo fortuito, si aparece, o incluso de señales, extrañas coincidencias que puedan surgir en el camino. Mientras resolvemos, durante el proceso de trabajo, podemos cambiar el storyboard y eliminar paquetes de la idea central, dejando de ella sólo una traza y abriéndole espacio a una nueva entidad.

No significa que no tengamos influencias -Vitrubio, Semper, los fractales de Melnikov… ni ciertas convicciones sobre algunos aspectos transversales a la arquitectura; como el flow, un concepto que consideramos clave y que abordamos de forma distinta ante cada nuevo proyecto, tanto si es una casa como una discoteca -porque al final, la realidad del interiorismo de una discoteca es cómo fluyen las caras y los cuerpos…

Comprobamos, cada vez, que la estética que se deriva del approach al proyecto enriquece y diversifica el estilo final. Por eso, cuando aparece un cliente con unos recortes de revista, y nos dice que ‘esto es lo que no quiere’, le sugerimos una cláusula que hemos incluido alguna vez en el contrato, con gran éxito final: tenemos derecho a pasar un fin de semana en la casa del cliente, una vez terminada.

Romano Arquitectos es un estudio de arquitectura e interiorismo fundado en Barcelona en 1992, con despachos / sedes en Ibiza y Barcelona.

Hasta 2004, su actividad se centra principalmente en el desarrollo de proyectos de ámbito residencial y comercial a escala nacional, mayoritariamente en Ibiza. A partir del 2006 los encargos se internacionalizan (Emiratos Arabes, Tunez, Angola, Barbados, etc.) y abarcan también el masterplanning, la media y gran escala y servicios de managing dentro del sector privado.

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